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Artículos de opinión

Artículo por Carl Ingersoll, Gerente General IBM Costa Rica

Qué se necesita para ser una empresa global en el siglo XXI

Muy a menudo, las empresas definen su alcance global por la cantidad de oficinas que tienen en distintos países del mundo, o por cuántos productos venden internacionalmente.

Sin embargo, la verdadera medida de una compañía global es su forma de ver el mundo. No en términos puramente numéricos de cuántas personas trabajan para la compañía en el mundo, sino más bien en qué forma estas personas ven las cosas en un contexto global. Cuánto se conectan y colaboran con sus colegas de otros países. Cómo aplican una perspectiva global a pensar el desarrollo de productos y servicios, responder las necesidades de los clientes y contribuir a la sociedad.

La organización ya no puede darse el lujo de seguir pensándose a la usanza antigua. Hoy los desafíos y las oportunidades más importantes –ya se trate del cambio climático, la escasez de los recursos naturales o la creación de nuevos mercados- están teniendo lugar a escala global. Los sistemas políticos, sociales, naturales y económicos que sustentan la forma en que mundo funciona se encuentran íntimamente ligados. El progreso económico y de la sociedad dependen, ambos, de cómo los gobiernos y las instituciones trabajen juntos para optimizar estos sistemas.

Cada empresa, para definir su misión y sus objetivos, tiene que plantearse algunas preguntas ancestrales, por ejemplo, cómo genera valor y qué papel desempeña en el plano más amplio de la sociedad. Para los líderes, una tarea importante durante esta primera parte del siglo XXI será poner esos cuestionamientos en una perspectiva global. Por más abrumadora que parezca, esta tarea se simplifica si se parte de un concepto clave: que no son las operaciones, sino los integrantes de la fuerza laboral los que definen cuán valiosa es para el mundo una empresa.

Durante los últimos 100 años, IBM aprendió como las empresas pueden desarrollar líderes y empleados exitosos en todo el mundo. Aquí reseñamos algunos enfoques para crear una fuerza laboral que piense, actúe y trabaje con un perfil global:

Crear una comunidad global: Las organizaciones regularmente invierten en contratar y desarrollar empleados y en enseñarles habilidades y valores institucionales. Aún así, la mayoría de las empresas no tienen suficiente convocatoria para extraer de una amplia base de empleados nuevas ideas y pensamientos. No habilitan a sus empleados a compartir su especialización con los demás. La capacidad de compartir es una piedra angular de una fuerza laboral global y próspera. La fuerza de trabajo de una institución es más sabia en forma colectiva que lo que puede serlo un equipo gerencial aislado. Los empleados que trabajan en equipos diversos y dispersos geográficamente deberían poder cruzar las fronteras y aprovechar el conocimiento de colegas y compartir ideas cuando trabajan en proyectos conjuntos. Hay muchas formas en que las instituciones pueden compartir y crear una comunidad global. Por ejemplo, pueden realizar eventos de colaboración en línea con la finalidad de resolver problemas específicos e invitar a los empleados a sugerir soluciones. O pueden crear foros internos en línea en los que los empleados listan sus habilidades.

Por ejemplo, Esquel Group, que fabrica artículos de vestir y tiene oficinas en todo el mundo, desarrolló un sistema en línea que permite a los empleados colaborar y mejorar la productividad. Identifica y comparte mejores prácticas con los productores rurales, los hilanderos de algodón y los tejedores que trabajan para la compañía.

Desarrollar líderes globales: Equipar a la nueva generación de líderes con las experiencias y las habilidades correctas para pensar y actuar globalmente resulta crucial. Para IBM, uno de los terrenos de capacitación más fértiles para los futuros líderes es el programa Corporate Service Corps, que envía a pequeños grupos de empleados a países en desarrollo para trabajar en programas que abordan los problemas de desarrollo. La gama de programas en los que participan va desde la fabricación de redes contra mosquitos hasta la construcción de bancos sin fines de lucro para asistir a microempresas.

Se trata de una experiencia incomparable para las 500 personas que hasta ahora han participado en el programa. Les da los cimientos de una perspectiva global y la visión de trabajar con otras culturas y mercados. Es un nuevo punto de vista que se traen consigo cuando regresan a sus países y que pueden incorporar a su trabajo y sus comunidades.

Desplegar talento: Las fronteras nacionales ya no definen los mercados. Los clientes tienen la misma probabilidad de interactuar con las empresas que se encuentran en otros husos horarios y utilizan otras monedas. Aún así, muchas empresas se constituyen como multinacionales, con operaciones específicas en países específicos, donde apuntan a clientes específicos. Los líderes necesitan pensar globalmente, y localizar su propia gestión y sus trabajadores donde las tareas se realicen de la manera más satisfactoria.

Equipos que trabajan más allá de las fronteras, en un proyecto común. Gerentes que lideran desde distintos puntos del mundo. Estos son los sellos que distinguen a las compañías globales.

Las organizaciones comparten todas el mismo recurso fundamental: los empleados. Hacer que trabajen mejor, globalmente, será uno de los grandes desafíos de este siglo. Y, a la vez, una de las mayores garantías del éxito.

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